A la Sombra del Títere, LC.

Artefacto escénico, de órbita teatral. Web dual.

Pasamento inevitable de un marionetista.

Pasou, Julio Michel. Pasó.

Habrá quien piense que ha muerto, que ha fallecido. Habrá quien deduzca que ha finado o finalizado. Pero Julio pasó. Pasou.

En lengua gallega, tenemos ese pasar con esa connotación, casi licencia poética. Pasamento, por fallecimiento.

Pero tampoco viene a la cabeza ese concepto, pasar, así como así. Rara vez. Y no de cualquier manera.

Refiere a cierta sensación, a cierto sentimiento… diferente.

Sí, se dice pasar a mejor vida, dejar la vida pasar, pasársele el arroz, pasar de moda, pasarse de roscapasar por el aro, pasar rozando, raspando, pasar por alto, pasar revista, pasar lista… Y pasar o ferro, en galego. En castellano, planchar.

Pero este pasar no es un cruzar, no es un pasar por pasar, como pasa una nube y descarga lluvia. Mucha, poca o ninguna.

Tampoco es como llegar, descargar, montar, hacer un bolo… Y luego desmontar, cargar y marchar. Aí vos vai a despedida, aí vos vai a derradeira. Acabouse o chiculate, rompeuse a chiculateira.

No, no es eso… No es algo así, con un principio y un final.

Es más… atravesar, como una tormenta. Ya se siente antes de que llegue.

El aire está cargado de electricidad. Los pájaros buscan cobijo donde guarecerse. Gaivotas a terra, mariñeiros á merda. O en la taberna.

¡Rayos, truenos y centellas! ¡A remojo, las centollas! ¡A cubierto, patos, osos y sanguijuelas; vivos, muertos y plañideras! Diluvia. Y arde.

Después, parece desaparecer… Pero no del todo. Deja huellas. El aire queda más limpio. La tierra, regada o anegada, más fértil. Pantanos y embalses, bien servidos.

Deja huellas, y heridas. Algunos tejados rotos… Ciertas enemistades… Uralitas que salen volando… Y ciertos prejuicios, también. Bien. Daños colaterales, inevitable.

Una tormenta de esas que parece que se acabe el mundo, aquí y ahora. Aunque esté sucediendo otra, en alguna otra parte. Y vaya a ocurrir otra semejante, aquí, en algún otro momento. Pero no será igual a esta, porque no hay dos iguales. Solo similares.

Hay personas que pasan de todo, individuos.

Hay gente que pasa sin hacer ruido, como si nada. Pasan, pero no pasa nada.

Otra gente que pasa como un terremoto, destrozando mucho, consumiendo demasiado, sin preocuparse de construir nada.

Hay quien deja alguna señal de haber pasado, cierto rastro, que ya es bastante.

Y poca, muy poca, que deje huellas plausibles, vestigios del crimen perpetrado, un cierto legado que nos haya atravesado.

Julio y la gente de Julio, y la gente con Julio y alrededor de Julio, un legado han dejado. Que permanece y perdura en el tiempo. Y que forma parte de la continuidad del todo.

Proseguirlo, una deuda pendiente que tenemos con él. Y con otros y otras como él.

Que importa morrer, se deixamos semente de vencer.

Moncho Reboiras no se refería a marionetas, claro. Se refería al todo. Tuttiimondi.

Pues eso.

Nos vemos dentro de un momento, y nos miramos dentro de un títere.

Dentro de un Titirimundi.

Para que conste a los efectos pertinentes, a los impertinentes, y a los impenitentes… Julio ya descansa, merecidamente.

Escrito en este mes de Julio, precisamente.


 

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Esta entrada fue publicada en 3 julio, 2017 por en A la Sombra del Títere, LC., Pegadas/ Huellas y etiquetada con , .

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