A la Sombra del Títere, LC.

Artefacto escénico, de órbita teatral. Web dual.

Títeres desde Abajo, Justicia desde Arriba.

Con la excusa de la actualidad y la coartada del interés público, pregónanse noticias variadas y variopintos sucesos.

Para agregar seguidores, simpatías o amigos, dícense imprudencias a troche y moche.

Y en pos de lo viral, el share, las visitas o los retuits, vomítanse auténticas barrabasadas. Interesada o indiscriminadamente, a lo que caiga.

Ruido sobre ruido, en sesión continua, formato multidisciplinar, parte ya del paisaje habitual.

Hay víctimas que se ofenden; padres, madres y abuelas que se ofenden; y algún educador o profesora que se ofende. Comprensible, sin duda. Ofender y ofenderse, motor de cambio.

Ciertos creyentes -algunos, practicantes- en la justicia humana, divina o policial, también se ofenden. Y hasta se escandalizan, faltaría más.

Que otras no víctimas se hagan permanentemente los ofendidos y se arroguen la representación de algunas víctimas, no es tan comprensible. Empieza a ser escandaloso, más que cuestionable.

¿La ficción puede excusar la realidad, confundirla, cuestionarla, satirizarla, propagarla o enaltecerla? ¿Ninguna de las anteriores? ¿O solo habiendo pasado antes por el filtro institucional-televisivo-mercantil?

La propaganda formal, el estatus mediático, la demanda consumista y el resultado comercial, serán el filtro moral. El listón de lo éticamente permisible. Esto es para niños, y esto otro, no. ¿Protección del menor? ¿Protegerlo de qué? De la diversidad del pensamiento, claro. Dónde esté el pensamiento único…

La libertad, de mercado. La diversidad, para los parques naturales y espacios singulares. Con niños y niñas, solo estímulos. Muchos estímulos. A ser posible, neutros, muy neutros. Que si un adulto se ofende, el niño sufre.

Los contenidos, bien advertidos. El tono, agradable. La ironía, no ha lugar. El registro lingüístico, poético para bobos. La estética de los títeres, limpia y cálida, zen. Y la oratoria de personajes y actores, irreprochable, de un académico impoluto. La burla, para el club de la comedia. 

Por curiosidad, La Bruja y Don Cristóbal, en la página de Titeres desde abajo, aparece en la categoría de “Teatro Popular”, fuera de “Espectáculos Infantiles”.

Gente de diferente franja cultural, tiene ahora una estupenda oportunidad de buscar e informarse sobre el curioso concepto de Teatro Popular, no sea que genere, políticamente, cierta confusión.

El de Espectáculos Infantiles, que parece tan obvio, es el más confuso. Entre el divertimento y el entretenimiento. Ocio de consumo, válvula de escape. Para familias que cumplen con los objetivos. De la empresa y de la especie. Ahí tienen su participación de los beneficios. Su cuota de espectáculos. Felicidad a comisión. 

Aquí nos atrevemos a pronosticar, a falta de informe detallado, que ninguno de los niños y niñas presentes en el lugar del delito, habrá quedado traumatizado por la ofensiva representación.

Puede que parte de la sociedad adulta, sí. Si no lo estaba ya.


 

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Esta entrada fue publicada en 14 febrero, 2016 por en Opinión y etiquetada con , , .
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